No, él no es un hombre como yo, para responderle y comparecer juntos en un juicio!
¡Si hubiera al menos un árbitro entre nosotros, que pusiera su mano sobre los dos,
para que Dios aparte su vara de mí y no me atemorice su terror!
Entonces le hablaría sin temor, porque estoy convencido de que no soy así.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

No hay comentarios:
Publicar un comentario